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Super Gran Maestro Especial
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...sigue sin antojarseme esa cosa, prefiero el cereal con leche FRIO! XDDD
al cabo, exijo conti... NOW! ![]()
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Maestro
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Caminata por el yermo
Un soldado bormox vigilaba, desde el techo del establecimiento, los alrededores de la estación de servicios abandonada que pasó a convertirse en el nuevo centro de mando del comandante Murg, después de su desgraciada derrota a manos de los renegados. El soldado cargaba en sus manos un rifle de aspecto amenazador, casi tan largo como su propio cuerpo y con una resaltante mira telescópica en la parte de arriba. A acercarse a una de las derruidas cornisas del edificio, alcanzó a ver por el rabillo del ojo un movimiento sospechoso entre unos arbustos apartados a unos cien metros de distancia. El hombre posó la culata del rifle contra el hombro y acercó su cara impasible y grisácea para ver a trabes de la mira aquello que pululaba entre los setos amarillentos. Tras unos segundos de misteriosos movimientos del arbusto, una criatura salió al descubierto. Desde la distancia en la que lo observaba el soldado, aquello tenia forma redonda y aplanada, como un disco, pero con mas volumen. La criatura era de color rojo escarlata y tenia patas largas y articuladas por toda su circunferencia circular, notándose la ausencia de cualquier cosa que pareciera una cabeza y todo lo que hay en ella. - solo un estupido cangrejo-mesa – soltó el soldado alejando la cara de la mira telescópica. Pero pocos segundos después lo reconsideró y volvió a apuntarle al cangrejo-mesa. Esta vez apretó del gatillo y el disparo lanzo el pequeño proyectil que surcó el aire silbando hasta dar exactamente en el centro del lomo del animal, volándolo por los aires en muchos pedazos. El soldado exhibió una media sonrisa de complacencia al dar, para lo que sus ojos vieron, un tiro limpio y perfecto. De pronto el hombre noto algo más, pero diferente a la criatura que acababa de abatir por mera diversión. Eso se movía a gran velocidad y se acercaba flotando por encima del suelo en dirección a la base. El hombre no necesitó la mira del rifle para identificarlo, era una maquina ovalada con un variado juego de lentes prismáticos en la parte delantera y en sus costados. En la parte inferior y trasera ostentaba largas varillas de metal recubiertas de hule que se movían erráticamente con el viento y dos aureolas blancas que brillaban con intensidad. Sin embargo, el soldado permitió que aquella maquina llegara hasta la base, y entrara por uno de los grandes huecos en la pared semidestruida de la estación. Pronto, otras maquinas exactamente iguales comenzaron a llegar de todas direcciones y a entrar al la pequeña fortaleza improvisada. En el interior de la estación remota el aspecto decrepito del lugar había sido transformado. Ahora predominaban los artefactos y aparatos altamente avanzados y una compleja red de cables que se extendía por la ajada pared y suelo, que interconectaban las maquinas unas con otras y a células de energía. La mayoría de los estantes habían sido removidos para dar lugar a baúles de suministros y equipamiento, los que quedaron sirvieron como apoyo para los computadores y otros artilugios avanzados que recibían atención constante por parte de los soldados de turno. Cuando la última maquina flotante entró por una ventana, levito lentamente hasta una mesa plegable de plástico donde se encontraban el resto de sus semejantes. Inmediatamente un puñado de soldados se acercaron para examinar las maquinas y extraer toda la información recolectada. Murg estaba del otro lado del edificio en el interior lo que solía ser una oficina, sentado sobre una silla de plástico, y delante de una mesa que salió de uno de los camiones de asalto. Tenía la vista perdida en una de las medallas que había desprendido de la parte pectoral de su impecable uniforme, jugaba con ella pasándola entre los dedos de las manos mientras la veía fijamente, inmerso en sus pensamientos. - señor – interrumpió uno de sus hombres mientras agachaba la cabeza para pasar por el marco de la puerta, que no había sido diseñada para la asombrosa altura de los bormox – siete de las diez sondas que desplegamos han regresado - explicó – ya hemos extraído y sintetizado toda la información que trajeron.- - bien – apremió Murg mientras seguía concentrado en su condecoración. Luego levantó la vista hacia el soldado – ¿los encontraron? – preguntó tajante con el rostro cargado de impaciencia. El soldado lo miro a los ojos y puso la frente en alto. Murg captó el mensaje, y le devolvió otra mirada, con el seño ligeramente fruncido, torciendo una mueca de satisfacción. Fue una conversación silenciosa, ya que no hicieron falta palabras para entender lo que pasaba, y lo que harían a continuación. ----- Luego de un par de horas caminando bajo el sol abrazador, la velocidad con la que Alan emprendió su caminata se redujo tan solo a lentos y pesados pasos cansinos mientras sentía como el sudor le brotaba a borbotones por cada poro de su cuerpo. Sobre la cabeza llevaba una gorra que había encontrado en el fondo de la mochila. Tener algo para proteger la cabeza era vital para seguir adelante y no padecer un desvanecimiento. Cada tanto comprobaba la brújula para ver si caminaba en dirección correcta. Prefería mirar al suelo que mantener la vista al frente, ya que al levantar la vista no encontraba sino más rocas y terrenos escarpados con algunas que otras plantas diminutas. La marcha se le hacia eterna. Pasado el medio día el calor aumentó su intensidad. Se podía ver las ondas de calor emergiendo del suelo agrietado, y sentía como la sofocante temperatura lo envolvía por completo, debilitándolo aun más. Echó varios tragos a su cantimplora, pero el alivio era solo momentáneo antes de que volviera a necesitar mas agua, y sabia que no tenia suficiente para todo el viaje si seguía bebiendo a ese ritmo. Necesitaba descansar, preferentemente, en un lugar con sombra. La suerte se sonrió cuando al ladear un montículo de rocas tan grandes como automóviles amontonados unas sobre otras, encontró lo que sus ojos describieron como un rustico refugio para el calor. Alan se acercó al refugio, que no era mas que una chabola de chapas sujetas entre si por medio de alambres, y a su ves las paredes estaban aferradas a un cactus de unos diez metros de alto. El techo no era mas que una lona mugrosa y agujereada, atada con firmeza al tronco del cactus y las dos herrumbradas paredes de chapa que se mecían constantemente, luchando por no sucumbir ante la inclemencia del viento, que no ofrecía ningún consuelo por el calor, ya que era casi tan ardiente como los severos rayos solares. Alan aceleró el paso hasta llegar a la chabola, y se lanzó a su sombra para protegerse del sol. El asilo improvisado no era muy grande, y la lona solo le permitía permanecer sentado ya que solo estaba a poco más de un metro del suelo. Alan emitió un prolongado resoplido de alivio al acomodarse bajo la confortable sombra que proporcionaba la lona. Se dejo caer sobre lo que al principio pensaba que era un montículo de tierra, que resulto se ser una especie de almohada de nylon después de sacudirle el polvo de encima. Estaba tan sucia que podría pasar desapercibida como una roca de las miles que había. - este lugar lleva mucho tiempo abandonado – reflexionó para si mientras ponía la mochila sobre su regazo para buscar las provisiones que había dentro. Alan desenvolvió de un pañuelo unos bollos hechos de masa frita. - maldición, las bombas misteriosas de Selenia no – exclamó alzando la vista al cielo y cerrando los ojos, como lamentando su suerte. A veces a Selenia se le daba por llevar a la practica sus escasos conocimientos culinarios, y se pasaba largos ratos en la cocina preparando (o experimentando) recetas que a ella misma se le ocurrían, que en ocasiones dejaban a Alan postrado sobre el inodoro mas tiempo de lo previsto. La receta que mas le gustaba preparar era, como ella nombraba ceremonialmente, las bombas misteriosas. Básicamente se trababa de discos de masa sobre los que vertía distintas cosas antes de envolverlas y fritarlas. Los ingrediente que vertía eran el “misterio” ya que siempre variaba el contenido, con lo que hubiera a mano; carne, legumbres, cereales si tenían suerte. O a veces por escasez de ingredientes añadía sobras de otras comidas dejadas días atrás o cosas aun más repulsivas. Aun y así Alan reconsideró sobre las bombas misteriosas de Selenia y llego a la conclusión que era mejor comer algo desagradable, a no comer nada en absoluto. Se llevó uno de los bollos a la boca y le arranco un bocado que mastico con prudencia. La expresión de Alan mejoro instantáneamente al tragar el bocado, no sabia mal, todo lo contrario, estaba delicioso. Selenia había rellenado los bollos con arroz y otras verduras trozadas como patatas y zanahorias que procedían de latas de conserva. Era todo un logro. No solo preparo algo absolutamente comestible, sino que además se tomo la precaución de no poner nada que sea a base de carne, el principal y único alimento de los ácaros. Alan se recostó sobre una de las paredes de chapa, que crujió al recibir su peso, y continuó comiendo y bebiendo a sorbos de la cantimplora. Al acabar el primer bollo Alan arrojó fuera del refugio la servilleta de papel colmada de migas que envolvía el alimento, y prosiguió con el segundo. Alan estaba tan concentrado en su comida que no notó lo que se aproximaba cautelosamente hasta el. La criatura se desplazó lenta pero constantemente sobre sus patas de insecto sin emitir el menor ruido, hasta llegar a su objetivo; la servilleta desechada. Alan percibió el movimiento y rápidamente giro la cabeza hasta donde estaba el animal. Sus ojos se pusieron como platos al ver la criatura que se cernía sobre las migas que había en la servilleta. A primera vista tenia el aspecto de un cangrejo, tan grande como un plato y de llamativo color rojo escarlata. Pero este cangrejo carecía de tenazas, antenas, e incluso parecía no tener boca. Solo patas, patas largas y acorazadas que nacían de los bordes de su cuerpo casi plano y circular. Alan miró al cangrejo con fascinación y se acercó par verlo mejor. La criatura reaccionó al movimiento de Alan y rápidamente retrocedió unos centímetros de manera temerosa. El joven sonrió, entendiendo que el animal no representaba ninguna amenaza, e incluso se sintió agradecido por su compañía en aquel lugar desolado. Miró al cangrejo y luego al bollo a medio comer que sostenía con una mano, tomó un extremo del bocadillo con la otra y extrajo un trocito de la bomba misteriosa para arrojársela al singular animal. El pedacito de comida calló cerca del cangrejo, que retrocedió aun más, de seguro por interpretar el lanzamiento de Alan como una agresión. Después de notar que aquello no suponía peligro, el cangrejo se acercó a la comida y tras permanecer estático frente a ella por unos segundos se dispuso a comer. Alan se preguntó como seria capas de comerse aquello sin tener una boca, pero su duda se despejo cuando el cangrejo se desplazo con sus muchas patas hasta el bocadito y poniéndose justo encima, se posó sobre el alimento. Supo entonces que ya podía acercarse al animal sin que este escapara, y acercó la cabeza para observarlo en detalle. La criatura emitía un suave traqueteo mientras comía el trozo de bollo. Alan entendió de inmediato que la razón por la que no podía verse la boca era porque la tenía en la parte inferior de su cuerpo. Aun así no entendía si la criatura tenia parte trasera y delantera, ya que por donde se viera tenia patas por toda su circunferencia. Contó unas diez patas articuladas en total, y entre ellas unos pequeños círculos negros ligeramente sobresalidos, lo que debían ser ojos compuestos. Alan concluyó que, en efecto, la criatura carecía de parte delantera y trasera, y que a pesar de no tener cabeza y un solo par de ojos, tenía diez ojos diminutos alrededor de su cuerpo que le dotaban de una vista de trecientos sesenta grados. Alan trató de recordar si sus compañeros le habían hablado sobre estas criaturas, pero de seguro no lo habían hecho porque no lo creyeron importante, pensó. El cangrejo termino con el bocado y se aproximo a Alan con más confianza, de seguro esperando que este le diera otra porción. Alan aprovechó la oportunidad y apresó al cangrejo con sus manos, sujetándolo del cuerpo chato y rugoso. Levantó al animal en el aire y vio la extraña boca en la parte inferior, era como un agujero con incontables hileras de dientes tan delgados y pequeños que parecían vellos recubriendo toda la superficie cavernosa. - fascinante - balbuceó Alan dejando al cangrejo-mesa nuevamente en el suelo. ----- Rood aparcó el jeep frente a la casona y bajo del vehiculo cuando Selenia y Falco salieron al pórtico. - ya esta, volveremos a verlo en unas seis o siete horas si sabe orientarse y no se distrae por el camino – dijo Rood despreocupadamente mientras se quitaba las antiparras de los ojos. - si es que volvemos a verlo – profirió Selenia con algo de desden hacia Rood. - ¿no lo dejaste tan lejos verdad? – preguntó Falco con mirada inquisitiva. - solo a unos kilómetros. Pero no se preocupen. – dijo levantando las manos, intentando apaciguarlos - No iría a dejarlo en una zona desconocida. Durante días peine esa área y a duras penas hay bichos hostiles ahí. - no se, me preocupan los altos – expresó Falco negando con la cabeza, torciendo un gesto de desagrado. - ¿altos aquí?, Falco, no hemos visto bormox en los llanos desde hace meses. Ellos no tienen nada que les interese en este lugar y de seguro a estas alturas ya han destinado sus patrullas a las zonas periféricas del… - de pronto es cortado por el hombre, que comienza a farfullar. - ¡usa la cabeza Rood!, hace como un mes comenzaron a correr las noticias de mas y mas patrullas de exploración y rastreo por todo el sector árido!. Luego ese centro de mando que encontramos en mitad del yermo. Y las cada ves más frecuentes batallas entre los renegados y los bormox. ¿No te dicen nada? – Falco miro fijamente a su compañero, mientras Selenia permanecía callada pasando la mirada de Falco a Rood y de Rood a Falco. - están montando un gran operativo de búsqueda - comenzó a deducir Rood - eso llamó la atención de los renegados que debieron creer que los bormox intentaban ocupar el sector… pero no entiendo porque…- de pronto levantó ambas cejas y quedo boquiabierto al ver a donde quería llegar Falco. - es por Alan – confirmó el hombre con total obviedad - todo comenzó después de que lo encontraras aquel día entre los restos del convoy. Si fuera como cualquier terrícola lo hubieran matado en el acto ¿ te acuerdas? Tu mismo me lo dijiste. Pero a el lo quieren vivo, y parece ser que es muy importante para ellos. - esto esta muy mal – comentó su compañero con frustración – nos pone en peligro a todos. ¿Que debemos hacer? ¿entregarlo? - se aventuró a sugerir a los otros dos. - no vamos a entregarles nada – le respondió Falco en un reproche – desde que me di cuente, después de lo del centro de mando, eh pensado a donde podríamos ir, algún lugar que este lejos de aquí y de la vista de los bormox. - ¿a donde? – pregunto Selenia atreviéndose a participar en la discusión. - tenemos que recoger todo, y prepararnos para salir de este lugar en cuando Alan llegue – exclamó Falco con seriedad, desoyendo la pregunta de la chica. ---- Paso otra hora de tortuosa caminata en la que Alan tuvo que atravesar estrechos desfiladeros entre colosales peñascos semienterradas en el suelo. Durante toda esa caminata, el pequeño cangrejo-mesa lo siguió a unos metros de distancia tras de el. A Alan le gustaba imaginar que la criatura se había encariñado con el. Pero la realidad era que el animal lo seguía únicamente con la esperanza de obtener mas comida. Al bajar del desfiladero pudo ver una forma gris a la distancia, un gris similar al del concreto que se levantaba unos metros sobre una pequeña colina. Sacando el monocular lo colocó frente a su ojo, ajustando la lente para ver con más precisión aquella estructura que se hallaba a unos doscientos metros. Era un edificio aparentemente abandonado. Se veía en un estado muy avanzado deterioro, algunas Partes de la pared estaban caídas, así como el techo, y habían montículos de escombros a su alrededor. Alan emprendió la caminata hasta aquel lugar, cuando de pronto emergieron dos figuras de aquel sitio. Se detuvo en seco, y volvió a usar el monocular. Por las vestimentas de chalecos antibalas y partes de diferentes armaduras anexadas a sus ropas, tenían aspecto de mercenarios; Duros hombres que preferían mantenerse al margen de cualquier ley que no sea la suya, y actuar contrariamente con todo aquello que fuese moral. Su reputación entre la gente del sector árido era muy respetada, y hasta temida. Alan había escuchado suficientes historias tétricas de mercenarios como para entender que no eran de fiar. Dio media vuelta y continuó hacia donde marcaba su brújula, esperando haber pasado desapercibido. Sin detenerse volvió a espiar a los hombres que estaban en aquella colina. Pero esta ves los sujetos se movilizaban. Alan no estaba seguro hacia donde estaban mirando. Pero avanzaban en dirección a el, y eso lo puso algo mas nervioso. Acelero el paso, dejando cada vez más atrás al inseparable cangrejo-mesa que lo escoltaba. A volver a echar un vistazo vio a los mercenarios subir en extrañas maquinas, similares a motocicletas. Pero a demás de los manubrios, el asiento y la forma alargada el resto de la maquina difería mucho de una motocicleta. Sobre todo por las robustas y blindados platillos de la parte inferior, donde se suponía que habrían ruedas. En la parte delantera se veían particularmente terroríficas, tenían largas puntas como lanzas, pintadas de negro. Los mercenarios subieron sobre sus transportes y de inmediato estos se alzaron en el aire, separándose a penas unos centímetros del suelo. Si dos mercenarios eran peligrosos, dos mercenarios sobre veloces maquinas que podrían darle alcance en cinco segundos era algo mucho peor. Alan decidió no averiguar si era por el que los mercenarios se preparaban para partir, y comenzó una frenética carrera para escapar del campo visual de los hombres. Los mercenarios comenzaron a moverse a velocidad media sobre sus vehículos flotantes. Alan se volteo para ver si lo seguían, y como temía, estaban tras de el, a unos doscientos metros. Alan entró en estado de pánico mientras seguía corriendo, y comenzó a jadear, dificultándole la respiración, sumado a esto el agobiante calor y el sudor que lo empapaba de pies a cabeza. En su mente cruzaron toda clase de pensamientos y posibles desenlaces de lo que podría ocurrir. Tal ves el había visto algo que los mercenarios no querían que viera, y tenían que deshacerse del testigo. O quizás querían atraparlo para quedarse con todas sus pertenencias y dejarlo a su suerte en medio de la nada. Unos pensamientos mas optimistas sugirieron que los hombres en realidad no querían lastimarlo, sino hablar con el. Quizás hasta intentar ayudarlo. O tal ves solo era casualidad que el caminaba por el mismo camino que decidieron tomar, y ni siquiera se percataron de que el estaba ahí. O todo lo contrario, que en realidad era una trampa, y esperaban a que algún desventurado caminante pasara por ahí para capturarlo y someterlo a lo que ellos se les plazca. Alan estaba solo, solo en medio de ningún lugar, corriendo cada ves a menor velocidad a causa del mareo que se apoderó de el por el estrés del momento, combinada con la insoportable temperatura del ambiente. Los mercenarios seguían acercándose a el. Pero esta ves ya no tubo el coraje de voltearse para ver que tan cerca estaban. Como por arte de magia, algo de valor brotó de lo mas profundo de su ser, una especie de furia ciega que se fusionó con un envalentonamiento que comenzaba a ganar fuerza en su estado emocional. Comenzó a cuestionar lo que el mismo estaba haciendo. - ¿porque estoy corriendo? – se preguntó así mismo, mirando al suelo con el seño fruncido – tengo un arma, se disparar!. . . estoy listo para un tiroteo! – exclamó en vos baja y entre dientes, la expresión de su cara se cargó de cólera. – si los mato… me quedare con todo lo que llevan – eso ultimo que dijo lo sobrecogió repentinamente, el nunca pensaría realmente en hacer tal cosa, pensó, aun no se sentía capas de matar a alguien. Sin embargo las palabras salieron de su boca con total convicción y naturalidad. También notó que sujetaba fuertemente con ambas manos el subfusil. Había recuperado estabilidad y volvió a correr a buena velocidad. Noto a su derecha un terreno cubierto por grandes rocas entre las cuales había muchos pasadizos. No lo pensó dos veces. Y ni bien localizo un pasadizo lo bastante ancho para el, se lanzo a su interior perdiéndose de vista entre la intrincada red de callejuelas que formaban los espacios entre las rocas desprendidas. Alan se escondió, pero permaneció lo bastante cerca de la salida como para escuchar si sus perseguidores se detenían para seguirlo hasta ahí. En tal caso, no tendría más remedio que abatirlos con el subfusil. Unos segundos después, escucho el ruido de las maquinas, que emitían una especie de zumbido eléctrico acompañado de unas desagradables carcajadas de hombres, que fueron atenuándose mientras se alejaban. - solo. . . solo querían asustarme – comprendió con expresión de desconcierto. Apretó los puños a la ves que comenzó a chirriar los dientes. El, que se había contenido para no dar media vuelta y vaciar el cargador de su arma sobre ellos para luego saquear sus cuerpos muertos. Y resultó que solo estaban jugando con el. Esa broma les hubiera costado la vida!. Inhaló aire hasta llenar sus pulmones, y luego lo exhaló todo por la boca, como si hubiera sacado su rabia junto con el aire. - tengo que controlarte – habló para si mismo, pero dirigiéndose a esos impulsos y emociones que no las sentía propias de el. Al darse la vuelta para ver si el estrecho pasaje continuaba vio algo que sus ojos no hallaron cuando entro a las corridas, probablemente por la desesperación. Ante el se encontraba una oxidada escotilla redonda ni muy grande ni muy pequeña, pero con aspecto bastante voluminoso y macizo. La escotilla estaba incrustada en la pared de una roca gris, que desentonaba completamente de las demás rocas de tonos marrones. Y en el centro de la escotilla había un mecanismo de cierre circular. Al principio Alan no contempló la idea, pero tras unos segundos, la tentación de ver que había ahí fue cobrando más fuerza, hasta que decidió por ver de qué se trataba. Se acercó hasta la compuerta, y tras frotarse las manos, tomó el mecanismo y comenzó a intentar girarlo para que la puerta cediera. Tras varios intentos, la escotilla por fin cedió. Luego de unos chasquidos metálicos provenientes de las trabas herrumbradas, Alan logro abrirla por completo. Dentro, se hallaba la mas densa e impenetrable oscuridad, pero se sintió una brisa que le refresco el cuerpo de arriba a abajo cuando logro abrir la escotilla. De un bolsillo de su chaleco sacó una pequeña linterna con la que alumbró el interior de aquel lugar siniestro. El haz de luz se abrió paso en la penumbra y barrio parte de la oscuridad reinante. Pasó un pie y luego el otro hasta atravesar el umbral, aun con la escotilla abierta, no sabía si debía continuar. Agudizando sus sentidos logro escuchar el sonido de un torrente de agua, apenas audible, y el olor de tierra mojada y moho. Alan dio media vuelta para contemplar de nuevo la posibilidad de salir de ese túnel y marcharse. Justo al final del pasadizo de roca se encontraba el cangrejo-mesa que lo siguió durante horas, el cangrejo no se inmutó de su lugar, a unos diez metros de Alan, lejos de aquel túnel como si supiera instintivamente que aquel lugar no era bueno. De pronto las oxidadas bisagras de la escotilla soltaron un estrepitoso ruido, similar a una pizarra siendo arañada. La escotilla emitió varios chasquidos metálicos a la vez que comenzó a cernirse sobre la abertura, y golpeó el umbral con pesadez, produciendo un estruendo al cerrarse nuevamente. Alan quedo mirando la escotilla iluminada por su linterna, con los ojos en blanco sin podérselo creer. Se abalanzó sobre esta, tratando de abrirla a los empujones e intentando girar nuevamente el mecanismo circular, pero no hubo resultado. Estaba atrapado. A Alan no le quedaba otra que seguir adelante, hacia el interior del túnel excavado en la roca. El camino irregular se inclinaba hacia abajo varios metros, introduciéndose bajo tierra. Alan emprendió la caminata con suma desconfianza de aquel lugar. Siguió avanzando unos veinte metros con el P90 delante de el, y sosteniendo la diminuta linterna con la otra mano. Cada tramo que recorría podía escuchar más claramente el sonido del agua, como si se tratara de un río subterráneo fluyendo. Siguió descendiendo hasta que el camino se niveló de nuevo, aunque en lugar del suelo rocoso, se extendía un piso de adoquines bastante rustico, unidos entre si con alguna mezcla de concreto. La luz blanquecina de su linterna ilumino el suelo de la nueva sección del túnel, en la que se hallaban pilas de basura de todas clases, tales como latas de comida, papeles y bolsas de polietileno. Al caminar un poco más comenzó a ver muebles viejos, escritorios con computadoras estropeadas, colchones sucios y cómodas de madera podrida e hinchada por la humedad. Al alzar la vista junto con la linterna, aprecio el enorme espacio que tenia ante el. El techo de la cueva se encontraba a unos quince metros de su cabeza, y las paredes rocosas se ampliaban a una distancia mayor donde iniciaban otros túneles más pequeños, Como un atrio subterráneo. Alan miraba con admiración aquel lugar, cuando escucho un ruido a su alrededor.
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ah, si... mi estimado Roli, si que eres buenisimo para dejarme ... en ascuas!! XD
Realmente fue un buen capitulo, me gusto desde el principio hasta el final, muy bueno en verdad ![]() ...camarada, mira que no sabia que era una chabola o un atrio [o una cornisa, que verguenza X3] veo que el relato toma un vocabulario cada vez mas rico conforme vas avanzando ...sigue asi camarada! =3
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Quiero dejar algo claro a todos los que leian esto. El relato no murio. Deje de postearlo para hacerlo tranquilo, sin prisas y con el tiempo que merecen las correcciones. Solo eso queria agregar, aunque a esta altura dudo que a alguien le importe, igual asumo este comentario como "estar hablando solo" y no espero que nadie me lo conteste.
El relato a pasado a ser novela. Y tal cosa no la leeria practicamente nadie en un sitio como este, principal motivo por el que ya no lo posteo. Fin de la transimicion.
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Creo recordar que había expresado mi opinión por el msn, pero igual y respeto tu opinión. Se bien lo que representa el sentirse presionado por subir capi nuevo cada tiempo X3
por lo demás... genomas rulez! X3
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